"Sobre esta base era necesario esclarecer que la esencia del amor de Dios y del prójimo descrito en la Biblia es el centro de la existencia cristiana, es el fruto de la fe”, destacó.
Después, sin embargo, continuó explicando el Santo Padre, quise “en una segunda parte, evidenciar que el acto personal del ágape jamás puede ser solamente individual, sino que debe convertirse en un acto esencial de la Iglesia como comunidad: necesita también de la forma institucional que se expresa en el actuar comunitario de la Iglesia”.
Benedicto XVI aclaró que “la organización eclesial de la caridad no es una forma de asistencia social que se añade casualmente a la realidad de la Iglesia, como una iniciativa que se podría dejar también a los otros. Ella forma parte, en cambio, de la naturaleza de la Iglesia".
Al explicar el sentido de la segunda parte de su encíclica, señala que “como al Logos divino corresponde el anuncio humano, la palabra de la fe, así el Ágape, que es Dios, debe corresponder el ágape de la Iglesia, su actividad caritativa”.
“Esta actividad, más allá del primer significado muy concreto de ayudar al prójimo, posee esencialmente también el de comunicar a los otros el amor de Dios, que nosotros mismos hemos recibido”.
La Iglesia, concluyó el Papa “debe hacer visible de algún modo al Dios vivo. Dios y Cristo en la organización caritativa no deben ser palabras extrañas; ellas en realidad indican la fuente original de la caridad eclesial. La fuerza de la Caritas depende de la fuerza de la fe de todos los miembros y colaboradores".
Fuente: ACIPRENSA
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