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Compartiendo desde nuestra pobreza |

| Somos Eduardo y Elizabeth. Formamos la familia Tejada Pérez, tenemos 15 años de casados y 3 niños. Son muchas nuestras experiencias como diezmistas desde que se dio inicio la Pastoral del Diezmo en nuestra parroquia, (María, Madre de Dios). Desde ese momento lo tomamos muy en serio dando verdaderamente nuestro diezmo de lo que como familia recibíamos. |
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| Cuando escuchamos la primera charla, antes que se lanzara en las parroquias, descubrimos que todo lo que nosotros compartíamos con nuestros familiares o amigos era caridad y que en la casa del Señor, el dueño de todo, no compartíamos nada, sólo éramos cristianos comprometidos a escuchar misa y nada más. Desde ese momento abrimos nuestro corazón y nos dimos cuenta de que lo que hasta ese día veníamos haciendo no era malo, pero tampoco era lo mejor. |
| Durante los meses que compartimos nuestro diezmo en la casa del Señor no descubrí ningún signo particular de Dios para con nosotros por el compromiso que habíamos asumido. Mi esposo tenía muy buen trabajo, no faltaba nada en casa - especialmente para mis hijos - quienes se inscribieron como diezmistas en forma personal. |
| Pasados muchos meses mi esposo perdió su trabajo por problemas en la fábrica donde trabajaba. Allí realmente sentí la mano del Señor en todo momento. Sufrimos como muchos seres humanos que viven apegados a las cosas en esta tierra, sin embargo, hoy alabamos a Dios por lo sucedido, porque gracias a esa situación nos aferramos más a Él. Orábamos y compartíamos en familia como nunca lo habíamos hecho por falta de tiempo y otras cosas. |
| Estaba cercana ya la Navidad. Como padres nos sentíamos muy mal por no tener qué compartir con nuestros hijos: no teníamos ni juguetes, ni dinero para comprar nada para la cena. Estábamos viviendo durante 5 meses ya de la providencia de Dios que es maravillosa. Siendo 23 de diciembre, faltaba poco para la Noche Buena y no teníamos ningún preparativo, auque sí nos habíamos preparado espiritualmente con el amor de nuestro Señor. Eran las 10 de la mañana cuando me dirigía (Elizabeth) a mi parroquia donde se encuentra el Santísimo Sacramento expuesto las 24 horas. Estaba orando, mirándole, cuando entró una hermana a la que se le estaba quemando su casa. Entonces me pregunté a mí misma mirando al Señor: - ¿Donde quién se apoyan o vienen? Yo no tengo dinero para ayudar, pero en mi corazón sentí que tenía otras cosas. |
| Le respondí a la hermana que iba a buscarla después. Le pregunté cuántas eran las personas afectadas, me contestó que tres. Regresé a la casa a mediodía y le comuniqué a mi esposo lo sucedido preguntándole si teníamos cosas que regalar a esta hermana. Mi esposo, en ese momento, preparó un paquete de muchas cosas en grupo de tres, porque tres eran las personas que vivían allí: tres platos, tres cucharas, tres vasos, etc., y se lo dio. |
| Siendo las 7 de la noche tocaron a mi puerta. Fue una gran sorpresa. El Señor me visitaba con una canasta inmensa de muchas cosas; todo era para una cena de noche de Navidad y sobraba para muchos días más. Pasando media hora llegó otra vez el Señor con una canasta más grande ¡Casi me desmayo de la emoción! Mis hijos gritaban de alegría, mi esposo miraba asombrado. Unos días antes comentábamos con nuestros hijos que no teníamos nada que ofrecerles y ellos nos contestaron que no era cumpleaños suyo sino que era el de Jesús y que teníamos que hacer cosas que le agradaran a Él. |
| No teníamos palabras para expresar lo contentos que estábamos: Jesús nos visitó esa noche terminando con otro regalo más a las 9 o 10 de la noche, cuando golpearon por tercera vez la puerta y era un amigo regalándonos un ticket para reclamar 10 kilos de carne. Esto fue lo mejor que sucedió durante todo el día. Ese día nos quedamos con nuestros hijos alabando, leyendo la Biblia y agradeciéndole pues no teníamos nada y ahora tenemos muchas cosas. Pasamos la Navidad más bella de nuestras vidas, confiando más en el Señor que cuida de sus hijos, no los abandona nunca, y a pesar de nuestras debilidades Él camina con nosotros y nos ama con un amor infinito. |
| Nosotros en todos esos momentos difíciles de nuestra vida nunca dejamos de diezmar. Con lo que podíamos conseguir o nos ayudaban, pagábamos el diezmo; de igual forma lo hacían nuestros hijos: Elizabeth, Eduardo y Arturo. Como hija de Dios les aseguro que Él conoce nuestras necesidades y escucha nuestras peticiones. Ahora con toda mi familia confiamos más en Dios y su divina providencia. Esto nos hace alabarle, bendecirle y servirle mejor. |
| Amén, ¡Aleluya! |
| Eduardo y Elizabeth Tejada Pérez |
| Parroquia María, Madre de Dios |
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| Fuente de Bendiciones |
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Mi nombre es Marina Tenorio. Participo en la comunidad que pertenece a la parroquia del Perpetuo Socorro. Doy gracias a Dios que es tan bondadoso al tocar mi corazón con su gracia bendita y al hacerme reconocer que de Él es todo lo que tengo. Él me da porque es bueno y porque soy su hija amada. |
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| Me doy cuenta que desde el momento en que empecé a dar mi diezmo hay muchas más bendiciones en mi hogar. El dinero pareciera que se multiplicara porque alcanza para cubrir todas mis necesidades y no me falta nada; al contrario, el Señor derrama su gracia abundante y me colma de toda clase de bendiciones, a mí y a toda mi familia. |
| La alegría más grande que Dios me da es que ahora también mis hijos son diezmistas. Tengo cuatro hijos, todos ellos son menores de edad y no trabajan pero de todas las propinas que les damos, ellos ahorran, y el 10% lo entregan al Señor. Es tan hermoso ver que ellos también son conscientes, reconocen que Dios les da todo lo que tienen y como agradecimiento a su amor, ellos también quieren colaborar con un granito de arena para el Reino de Dios. Yo me siento la mamá más feliz del mundo porque veo que mis hijos son buenos, obedientes, estudiosos y cariñosos. |
| Veo que Dios realmente hace maravillas cuando uno da y comparte con sus hermanos. Él nos bendice grandemente dándonos vida, salud, trabajo y dándonos su amor, paz, alegría, felicidad, una familia y un hogar donde vivir. Me doy cuenta que todo lo que damos al Señor nos lo devuelve en oro porque realmente lo que Él hace por nosotros, no se iguala a nada. Hasta un vaso de agua que damos al hermano Dios lo recompensa con muchas bendiciones. Nada de lo que damos o hagamos en bien de otro queda sin recompensa porque para Dios no pasa nada desapercibido. |
| Él nos ama a cada uno con amor eterno. ¡Gloria y alabanza a Ti, Santísima Trinidad! |
| Marina Tenorio |
| Parroquia Perpetuo Socorro |
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| Muestra de Gratitud |
| Cuando me invitaron a ser diezmista, lo pensé mucho. Dudaba si podría aportar y cumplir con este compromiso, dado los gastos que tenía cada mes: pagar luz, agua, etc. Pero luego, reflexioné: - Si tengo todo lo que tengo, es porque Dios me lo ha dado y nunca ha hecho falta el pan en mi mesa. Tengo que compartir con los demás. Lo que yo aporte en el diezmo no alterará mi economía, al contrario, voy a ganar porque tendré la oportunidad de compartir lo que tengo. |
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| María Guimaray |
| Parroquia Nuestra Señora del Rosario |